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El origen de esta tradición se le atribuye al Padre José Antonio Mohedano, Párroco del recién creado Curato de Chacao en 1770, el cual comprendía, además, Sabana Grande, Chacaito y Sebucán. La crónica oral cuenta que el P. Mohedano invocó a Dios para que cesara la peste de la fiebre amarilla con una promesa y envió a los peones de su hacienda y de las haciendas aledañas al bosque en la montaña para traer ramos de la palma real.

El viernes de concilio (anterior al Domingo de Ramos), los palmeros de Chacao, herederos de esta tradición de más de doscientos años, van a buscar las palmas que el Domingo de Ramos serán benditas y repartidas a los fieles. Abuelos, padres, hijos y nietos suben cada año para saludar el siguiente domingo la presencia de Jesús en las calles de Chacao.

Desde el mes de febrero se realizan las reuniones preparatorias, donde se deciden los motes y apelativos, sólo usados dentro de la hermandad y rara vez fuera del Ávila. El grupo, de aproximadamente 150 a 180 varones, se divide en grupos con su jefe y un segundo al mando, el cocinero, y se fijan las rutas de ascenso. Algunas mujeres son aceptadas en estas reuniones, pero ellas no pueden acompañar a los hombres en el ascenso. La iniciación del palmero se hace cuando el varón cumple siete años, y los más pequeños son llamados "palmeritos".

En marzo o abril, al caer la tarde, el palmero se despide y va a cumplir su misión. Llegados al campamento, subiendo por Sabas Nieves, se cava un foso donde se enciende fuego y el grupo se reúne alrededor. En una lata de manteca se prepara el café: se hierve el agua y se le agregan kilos de café y trozos de papelón, un palo encendido en la brasa se sumerge en el agua y hace que la borra se asiente; por último, se le agrega hojas de pejua que fueron recogidas por el camino. Cantan, improvisan coplas, se exageran las anécdotas y se hacen bromas. Y llega la hora de buscar la palma, en el sector llamado la "Cueva de los Palmeros", cerca de "No te apures".

La recolección del cogollo de la palma real se hace con apego a la normativa conservacionista y a la planta se le deja al menos un cogollo para garantizar su supervivencia. Estos cogollos se reúnen en atajos y se dejan a un lado para luego recogerlos al regreso.

Al terminar, se inicia el regreso y se recogen los atados por el camino. En el campamento se rompe el silencio que sólo había roto el jefe y, a veces, el clarín. Tanto los hombres como los niños se dedican a tejer la palma, con formas que adornarán la terminación del atado o "palmo" que será estandarte, mientras esperan la comida. Algunos hacen collares de semillas de peonía y caracoles. Suena el cuatro y las maracas y arrancan las coplas. Una vez realizada esta labor, se atan los palmos, se limpian los cogollos, se ordenan y agrupan. El amarre se hace con una técnica muy precisa, heredada desde los tiempos de inicio de la tradición. La confección del palmo, que puede llegar a pesar hasta 40 Kg., es fuente de prestigio, no sólo por el tamaño, sino también por la trama del estandarte.

Al centro del palmo se coloca una cobija para amortiguar la carga que se colocan al hombro y se inicia el descenso. Y la montaña le guarda el secreto a los palmeros. Por el camino hacen paradas para rezar y agradecer la compañía de los difuntos. Quebrada Quintero marca el final y los palmeros saben que las mujeres esperan en el cortafuegos. Un viejo pasodobles saluda su llegada y los palmeros salen a la calle por la entrada de Sabas Nieves, donde se inicia la procesión que los llevará hasta la Plaza Bolívar en Chacao, donde son recibidos por las campanas. La carga se deposita en la Casa Parroquial, donde será custodiada por un grupo.

Al día siguiente, el Domingo de Ramos, los palmeros, solemnes y engalanados, se reparten los cogollos. El padre bendice todas las palmas y los ramos tejidos son paseados entre las calles como testimonio de la fe de la comunidad en Dios y en sí mismos. En la iglesia, los palmeros forman parte del altar, enarbolan sus ramos mientras atienden la liturgia.

Aquí termina el ritual heredado, el cual se repite desde hace más de doscientos años. Aquí termina la piadosa hazaña que ofrecen, año tras año, los Palmeros de Chacao.

 

 

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