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El Hatillo, como todo pueblo venezolano, tiene su Plaza Bolívar donde se honra la figura del Libertador, y en ella se dan cita propios y extraños. La estatua pedestre de Bolívar está orientada hacia la iglesia. En la plaza los niños corretean las palomas y las ardillas, mientras los adultos los observan desde los bancos a la sombra de árboles, los ancianos disfrutan del movimiento a su alrededor, el tradicional heladero ofrece su mercancía y los turistas transitan de un lado a otro con su cargamento de recuerdos.
Alrededor de la plaza encontramos, en primer lugar, la Iglesia de Santa Rosalía de Palermo, que data del siglo XVIII y fue declarada Monumento Histórico Nacional en el año 1960; en el interior se encuentran imágenes de la época colonial de Santa Rosalía de Palermo, el Cristo Crucificado, la Dolorosa y San Juan.
En la parte baja del pueblo, se encuentra otra plaza, la Plaza Sucre. Se trata de un triángulo, y en uno de sus extremos se encuentra un busto del héroe Antonio José de Sucre, y en el centro de la misma hay un árbol de Ceiba, de ahí que también sea conocida como Plaza La Ceiba, la cual está rodeada de pequeños negocitos, cafés, con sus paredes pintadas en alegres colores. al fondo las flores, la venta de dulces, los parroquianos disfrutando un cafecito.
En la carretera intercomunal se encuentra la Plazoleta Manuel Escalona, quien hizo posible la participación de este pueblo en el derrocamiento de Emparan el 19 de Abril de 1810 en la ciudad de Caracas.
Al pasear por sus angostas y empinadas calles, el visitante disfruta el encuentro de una arquitectura propia de las zonas montañosas, casitas sencillas pero hermosas, con sus paredes pintadas en tonos vivos de rojos, azules, verdes, amarillos, todas diferentes, lo que hace de éste el pueblo de los colores. Las tejas viejas, rojas y muchas veces rotas; llama la atención las puertas, las ventanas, los pisos, los patios, el poder dar una ojeada al interior y robarle unos instantes a la vida de los hatillanos.
Pero no sólo se ofrece al visitante las tiendas típicas, que son muchas y variadas, y sus calles coloridas, su ambiente de fiesta. También ofrece un amplio espectro en el área de la gastronomía, en los cafés y restaurantes que nada envidian a otros centros y a otras urbes. En El Hatillo se puede disfrutar de la mejor comida tradicional venezolana, con ese sabor casero que tanto apreciamos aquí. De igual modo se puede disfrutar de platos de alta cocina francesa, italiana, española y mexicana, tan de moda hoy en día. La dulcería típica venezolana, con sus churros, sus tortas, los dulcitos de la abuela que disfrutamos de niños se colocan al lado de la pastelería europea, lo que hace que cualquier hora del día sea propicia para disfrutar ante una mesa, un buen café, una excelente escenografía y la calidez de los habitantes de Venezuela, que en este pueblo se hace sentir en cada detalle. En fin, ¡la cocina internacional aquí, es de primera!
Desde aquí también se ofrece al visitante el Festival Internacional de la Música de El Hatillo, a partir del 12 de junio en el marco de la Semana de El Hatillo, con invitados nacionales e internacionales, donde la expresión musical cubre toda su gama, pasando de la música folklórica, jazz, rock, baladas, hasta llegar a la música de cámara y ópera. En él participan artistas de renombre y es tan festejado que los límites del pueblo son insuficientes para albergar el cúmulo de eventos que conforman el Festival. De ahí que el programa se realiza en distintas salas y lugares, tanto en el pueblo en sí, como por ejemplo la Iglesia Santa Rosalía de Palermo de El Hatillo, así como en la ciudad: en el Teatro Teresa Carreño, el Centro Médico Docente La Trinidad, el salón Esmeralda en Campo Alegre, etc.
Otra fiesta es la de Santa Rosalía de Palermo en el mes de Septiembre y el tercer domingo del mes de mayo el pueblo rinde homenaje a la mujer y a la madre con el evento "La Dama Antañona".
Por otra parte, los domingos se celebran las Retretas en la Plaza Bolívar y en el Centro Social y Cultural del El Hatillo se realizan diversas actividades a lo largo del año.
El lector está invitado a visitar la localidad, a donde acuden los caraqueños a comprar por navidad, hallacas, hojas de plátano y la masa de maíz pilado para preparar sus hallacas, y en los alrededores del pueblo compran vegetales y frutas frescas a lo largo del año.
En cada calle de El Hatillo el visitante será sorprendido por un detalle, el conjunto, la belleza. Le impactará el contraste entre lo colonial y lo actual, entre el ayer y el hoy, donde a veces olvidamos eso, que estamos ya dentro de la vertiginosa vida del siglo XXI pues nos captura el pasado que aún perdura en El Hatillo. Disfrute su visita y buen provecho. cualquiera que sea lo que consuma.
Acceso:
. En automóvil particular, se toma la autopista a La Trinidad y después de pasar el túnel se dobla a la izquierda. De ahí en adelante se mantiene en la vía que es la Intercomunal La Trinidad - El Hatillo. Al llegar completamente arriba, se dobla a la derecha y luego la segunda entrada a la derecha.
. En Metrobus, se toma el de la ruta 202 en Altamira
Un poco de historia.
Originalmente la zona estuvo poblada por indios de la tribu Mariche, quienes se enfrentaron con valor a los conquistadores bajo la jefatura de los caciques Aricabacuto y Tapiaracay, quienes a su vez estaban bajo el mando del gran cacique Tamanaco.
En el año 1752 arriba a El Hatillo, procedente de Cádiz, España, don Baltasar de León García, quien estuvo preso por haber cooperado con su padre en la insurgencia de los canarios contra la compañía Guipuzcoana. Una vez asentado en estas tierras, solicitó al Obispo Diez Madroñero el permiso necesario para construir una capilla, bajo la advocación de Santa Rosalía de Palermo, el cual fue otorgado y se construyó de bahareque y techo de palmas la que hoy conocemos como Capilla de El Calvario e inaugurada el 4 de septiembre de 1766, día de la Santa. Don Baltasar luchó por hacer de El Hatillo un pueblo separado de Baruta, y obtuvo que fuera Parroquia: el 12 de junio de 1784 él y su cuñado, Juan Isidro Pérez García, donó tierras para la construcción de la que es la Iglesia Parroquial, cuyo trabajo fue asignado al Ingeniero Juan Manuel Oses.
Su matrimonio con Ana Francisca Pérez García es de obligatoria mención, pues se trató de una mujer insigne, preocupada por los niños, los ancianos y los enfermos y necesitados, y donó una gran cantidad de dinero para la fundación de un hospital en Petare después de haber socorrido a las víctimas del terremoto de 1812, hospital que lleva su nombre: el Hospital Pérez de León de Petare
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