Ciertamente fué un acierto el obtenido por Carlos Raúl Villanueva el designar al artista Francisco Narvaéz la idealización de esculturas para la hoy tan conocida Plaza O'Leary. Tan bien esculpidas están, que aún continúan refrescandose en las fuentes; vale la pena observarlas un rato y admirar lo agraciado de sus formas.
El Parque El Calvario aún mantiene la capacidad de transportar al transeúnte hacia el ambiente francés que el Ilustre Americano Guzmán Blanco deseaba para la Caracas del siglo antepasado. Es bastante grato darse un paseo, disfrutar la frescura de sus numerosos árboles y contemplar otros sitios emblemáticos de la ciudad desde esa altura.
[Roland Streuli]
Lidija Franklin
Lidija Kocers, mejor conocida en el medio dancístico como Lidija Franklin, nace el 17 de mayo de 1917 en Vishñi-Volochok, Rusia. Hija de Hugo Kocers, letón, y Ekatherina Stukolova, rusa. A la edad de 5 años se traslada con su familia a Letonia y a los 8 años inicia sus estudios de ballet clásico en una pequeña escuela de la ciudad de Tukums, al tiempo que recibe clases de piano particulares y realiza sus estudios de educación formal.
En el verano de 1931, con 14 años de edad, Lidija se regresa con su familia a la ciudad de Riga y es aceptada en el nivel avanzado de la Escuela Oficial del Teatro de la Ópera Nacional de Riga, donde permanece durante 5 años, al tiempo que culmina sus estudios de bachillerato.
Paralelamente a sus estudios de ballet clásico, decide incursionar en la danza moderna e ingresa en la escuela de la profesora Beatriz Vigners, quien se dedicaba a la enseñanza de la llamada “Danza Plástica” o “Artística” (al estilo de Isadora Duncan). En esa escuela, y durante 5 años, Lidija recibió clases de Estética, Historia y Psicología de la Pedagogía, Danzas Nacionales de Letonia, Danzas de Carácter, Danzas Españolas con Castañuelas, Acrobacia, Técnica y Composición de Danzas Artísticas, Entrenamiento Clásico y Rítmica.
La profesora Vigners le propone a Lidija Franklin continuar con sus estudios de danza en la Jooss-Leeder School of Dance, en Inglaterra, ya que en su opinión ella cumplía con los requerimientos técnicos y el estilo apropiado para luego ingresar en la Compañía del Ballet Jooss. En 1937, decide probar su suerte y viaja sola a la ciudad de Totnes, donde esta ubicada esta escuela. Al llegar, solicita su posibilidad de ingreso en calidad de becaria ya que no contaba con recursos económicos para costear sus estudios. Luego de estudiar el caso, deciden aceptarla.
En la Jooss-Leeder School of Dance estudia durante 2 años, y en 1939 es contratada por la compañía como bailarina solista. Es precisamente para ese entonces que su madre, preocupada por la situación de guerra en la que se encontraba el mundo, y temiendo por la seguridad de su hija, decide escribirle solicitándole que regrese a Letonia. Fue uno de los momentos más difíciles de su vida pues debía tomar una gran decisión; pero su amor por la danza fue más grande que su propia seguridad y escribió a su madre explicando que se quedaría en Inglaterra porque quería dedicar su vida a la danza.
Con la compañía del Ballet Jooss tuvo la oportunidad de presentarse como solista en coreografías famosas como “La Mesa Verde”, “La Gran Ciudad”, “Un Cuento de Primavera” y “Pavana para una Infanta Difunta”. Entre 1940 y 1941 realizaron una larga gira que cubrió Estados Unidos, Argentina, Chile, Uruguay, Ecuador, Perú, Colombia, Cuba y Brasil, con gran éxito en todos los países, pero muy especialmente en Argentina y Chile.
Sin embargo, al llegar a Venezuela, cuando el Ballet Jooss se presentó en el Teatro Municipal de Caracas, en marzo de 1941, no tuvieron la misma acogida que en el resto de la gira. A estas funciones sólo asistieron 4 personas (entre las cuales se encontraba el Señor Gustavo Franklin, quien se convertiría en su esposo un año más tarde), por lo que decidieron suspender la segunda presentación.
En esa oportunidad, y debido a las dificultades para conseguir la visa americana de algunos de los integrantes de la compañía, debieron permanecer en Venezuela durante 3 meses. Una vez obtenida la visa, la compañía viajó a Estados Unidos, a la ciudad de Nueva York, donde a finales de 1941 tuvieron su última temporada en Broadway, antes de su disolución. A esas presentaciones asistió como espectadora la reconocida coreógrafa Agnes de Mille, quien quedaría fascinada con el trabajo y la interpretación artística de Lidija Franklin y le propondría trabajar con ella.
En 1942, en la ciudad de Nueva York, Lidija Kocers contrae matrimonio con el diseñador venezolano Gustavo Franklin y desde ese momento asume su apellido. En esa ciudad, Gustavo abre su propio local donde realiza diseños exclusivos de sombreros, que serían modelados por Lidija en más de una oportunidad.
En 1942, Lidija Franklin participa como solista en las coreografías de Agnes de Mille, creadas para los musicales de Broadway, “Bloomer girl” y “Brigadoon”, ambas con más de un año en cartelera. Posteriormente, la coreógrafa establece su propia compañía “Agnes de Mille Dance Theatre”, en la que Lidija participa como solista y bailarina principal, e inician una gira de 6 meses en la que presentaron extractos de coreografías de los musicales. Más tarde, Lidija Franklin trabajaría como asistente en los distintos montajes que realizó Agnes de Mille para el American Ballet Theatre.
Durante el último año con Agnes de Mille, Lidija también interpretó coreografías de John Butler para el show de televisión de Kate Smith, en New York. Igualmente, incursionó en el mundo de la actuación, quedando seleccionada entre 40 participantes para un personaje en una obra de teatro.
A mediados de 1957, Lidija Franklin se establece en Venezuela junto con su esposo pero el panorama dancístico en el país no era lo que ella esperaba. Casualmente, en ese tiempo la Sra. Nena Coronil decide cerrar su escuela de ballet -ubicada en la quinta Bienvenida de la Av. Las Palmas- y se pone en contacto con Gustavo Franklin para ofrecerle el estudio a su esposa, la recién llegada bailarina rusa.
Destino o casualidad, en septiembre de ese mismo año, y en ese mismo lugar, Lidija Franklin y su esposo abren las puertas de la Escuela Ballet-Arte (privada), hasta que a principios de 1974 tuvieron que desalojar a causa de la venta de la propiedad. En esta escuela estudiaron profesionales destacados como Vicente Abad, Isabel Llull, Yolanda Machado, Gaudio Vacaccio, Elsa Recagno, Eloisa García, Graciela Díaz, Maryorie Estévez y Anita Le Bleis, entre otros.
En 1967, Lidija Franklin observa que en Venezuela sólo una élite tenía acceso a la danza. También nota que existe una gran cantidad de niños y jóvenes con las aptitudes para formarse como bailarines profesionales cuya mayoría, lamentablemente, no contaba con uno de los requisitos indispensables para la época: los recursos económicos.
Con el apoyo de su esposo, Lidija Franklin decide crear en la ciudad de Caracas una escuela de ballet totalmente gratuita que funcionara paralelamente a su academia privada y permitiera a todos los niños con condiciones para la danza incursionar en este arte, sin importar su condición social. Así, en 1968, abren la Escuela Municipal de Ballet (que en 1985 asumiría el nombre de Ballet-Arte) en los altos del Teatro Municipal, con el único propósito de continuar formando profesionales de la danza clásica en el país.
Lidija Franklin siempre quiso dedicar su vida a la danza y ninguna manera mejor de demostrarlo que con su incansable lucha por llevarla a todos los sectores de la sociedad para dejar un valioso aporte a la cultura dancística del país, a la tierra que, aunque no la vio crecer, asumió como suya. Su mayor legado: la Escuela Ballet-Arte.
Entre sus creaciones coreográficas se cuentan piezas de corte clásico: Marcha, Vals Romántico y Sonate (esta última compuesta de Allegro, Berceuse, Minuet, Rondeau y Juegos); también danzas de carácter: Polka, Tirolesa, Danza Rusa y Danza de los Ramitos; la obra infantil Pedro y el Lobo; y las danzas antiguas: De la Partita en Si Menor (Bourrée, Gigue, Passepied, Zarabanda, Echo), Suite del siglo XVI, Annello, Air de Bourgogne, La Doncella y el Unicornio, Danza Campestre, Danza de las Antorchas, Danzas de Corte (Minuet, Gavotte, Rigaudon). Sus Danzas Antiguas han sido de especial reconocimiento y aceptación y la Escuela Ballet-Arte ha querido siempre darles continuidad y trascendencia incorporándolas a su repertorio y dictando talleres en esta especialidad.
La trayectoria de la maestra Lidija Franklin y su aporte al desarrollo de la danza en el país ha sido reconocida en innumerables ocasiones por importantes personalidades e instituciones a nivel nacional. El Consejo Municipal del Distrito Federal le entregó el Premio Municipal de Danza en 1984 y dos años más tarde le fue otorgado el Premio Consejo Nacional de la Cultura en Danza Clásica. Igualmente, en el año 1983 fue merecedora de la Orden de Andrés Bello en su segunda clase, otorgada por el entonces Presidente de la República Dr. Luis Herrera Campins; y en 1997 es condecorada con la Orden Andrés Bello en su primera clase al recibir el Premio Nacional de Danza, otorgado por el Dr. Rafael Caldera en su segundo periodo presidencial.
[Isabel Franklin]
Escuela Ballet-Arte
La Escuela Ballet-Arte (inicialmente Escuela Municipal de Ballet) fue creada en 1968 por Lidija y Gustavo Franklin, con la finalidad de llevar la enseñanza de la danza clásica -considerada dentro del ámbito cultural como un arte elitista- a todos los sectores de la sociedad adonde nunca antes había podido llegar. Sin distinguir razas, sexo o condición social, se convertiría en la primera escuela de enseñanza gratuita de la ciudad capital, con un sistema de enseñanza gradual.
En este sentido, la danza clásica, que tanto en Venezuela como en la mayoría de los países del mundo es considerada como un arte que sólo podía ser ejecutado por grupos privilegiados de excelente condición económica, pasó a ser una disciplina artística al alcance de todos aquellos niños y jóvenes que, movidos por su pasión por bailar, quisieran incursionar profesionalmente en este campo.
El 24 de febrero de 1968, Ballet-Arte inicia sus actividades con el nombre de “Escuela Municipal de Ballet”, por ser el Concejo Municipal del Distrito Federal quien diera el apoyo económico para su funcionamiento. En octubre de 1972 se constituye legalmente la “Fundación Centro Ballet-Arte”, con la finalidad de buscar amigos y benefactores para la Escuela, dotarla de una base económica sólida y estable, y proveerla de recursos materiales y humanos necesarios para la formación profesional de sus alumnos. En el mismo documento, es registrada legalmente bajo el nombre de “Escuela de Ballet Gustavo Franklin”. El 14 de noviembre de 1985, por decisión de la Asamblea General y en honor al fallecido Sr. Gustavo Franklin, se cambian los nombres a “Fundación Gustavo Franklin” y “Escuela Ballet-Arte”.
La Escuela se establece en los altos del Teatro Municipal el 24 de febrero de 1968 gracias a los Sres. Juan Liscano y Eduardo Morreo, Presidente y Secretario Ejecutivo de Fundateatro, respectivamente, quienes para entonces cedieron los espacios del teatro gracias al aporte financiero otorgado por el Consejo Municipal del Distrito Federal.
En mayo de 1973, es desalojada del teatro por el entonces Presidente de Fundateatro, Dr. Salvador Itriago, quien cedió los espacios para los ensayos de la ópera. La maestra Lidija Franklin, en desacuerdo con esta decisión, siguió dictando sus clases de ballet en el medio de la calle, como medida de protesta, a las puertas del teatro. Esto causó un gran escándalo en el que intervino la prensa, pero la decisión ya estaba tomada y la escuela se quedó sin sede.
Los esposos Franklin no se dieron por vencidos e iniciaron la búsqueda de un nuevo espacio. Durante 2 semanas repartieron las clases entre una escuela de enfermería en San Bernardino y la escuela privada de las Palmas; los siguientes 6 meses funcionaron en el YMCA de San Bernardino; luego utilizaron durante año y medio la mezzanina del edificio Celsa, en la Candelaria, cedida por el entonces Ministro de Educación Dr. Pérez Olivares; y, finalmente, gracias a la Sra. María Cristina Newman, el Sr. Elías Pérez Borjas y el Sr. Felipe LLerandi, la Escuela se muda en 1976 al P.H. del edificio Tajamar de Parque Central, sede que aún ocupa en la actualidad.
Desde su creación, la Escuela Ballet-Arte ha contado con el apoyo financiero de instituciones como el Concejo Municipal del Distrito Federal, el Hipódromo de la Rinconada, Ministerio de Educación, FUNDARTE, CONAC y Congreso de la República.
Con sus 36 años de existencia, esta institución cuenta en su haber con un total de 17 promociones, de las cuales han egresado 83 profesionales de la danza, multiplicadores de este difícil arte. Entre los egresados pueden mencionarse a Andreina Womutt, Celeste Jiménez, Evelyn Pérez, Isabel Franklin, Zurima Tamariz, Yolanda Pérez, Cristina Amaral, Elsy Barrios, Adriana Estrada, Eloisa Maturen, Eva Grossi, Nelly Ballestrini, Iris Reyes, Yumelia García, Marcela Figueroa, Susana Riazuelo, Heidy Romero, Karina González, todos con destacada labor en el medio dancístico nacional e internacional.
Aunque la Escuela Ballet-Arte se dedicaba inicialmente de forma exclusiva a la formación del bailarín en técnica clásica, ha ido incorporando a su pensum de estudio una serie de materias como Danza Contemporánea y Folklórica, Gimnasia y Música aplicadas a la Danza, Expresión Corporal, Metodología de la Enseñanza y Nomenclatura de la Danza, consideradas indispensables para complementar el proceso formativo de los estudiantes y hacer de ellos bailarines, docentes o coreógrafos capaces de desempeñarse en todas las áreas de la Danza.
Sus alumnos han participado en grandes producciones de la compañía Ballet Nacional de Caracas Teresa Carreño como “El Cascanueces”, “Coppelia”, “Lago de los Cisnes”, “Don Quijote”, “Romeo y Julieta” y “Van Gogh”. Igualmente, han participado con el Ballet Contemporáneo de Caracas en el espectáculo didáctico multimedia “Ven a Danzar”; y con Río Teatro Danza Caribe y la Compañía Nacional de Teatro en la Obra “Violeta”.
Entre los maestros de Ballet Clásico que han contribuido con la formación profesional del alumnado se encuentran: Lidija Franklin, Julio Lamas, Vicente Abad, Roumen Rachev, Irina Lopujov, Rafael Portillo, Mercedes Bernardez, Isabel Franklin, Zurima Tamariz, Freddy Carmona, Graciela Díaz, Yolanda Pérez y Laura Fiorucci, entre otros. En Danza Contemporánea: Pedro Goitía, Rafael González, David Osorio, Elio Martínez y Betsabe Correa; en Expresión Corporal: Rocio Rovira, María Teresa Haiek y Betsabe Correa; y en Folklore: Gustavo Silva, Yadira Ardila, Reyna Vera y Natividad González.
Forma parte del amplio repertorio de esta Escuela: Músicas y Danzas Antiguas, Las Sílfides, Bodas de Swanilda, Suite Cascanueces, Baile de Graduados, II Acto del Lago de los Cisnes, Giselle, e innumerables Pas de Deux del repertorio clásico. Además, la Escuela ha tenido el honor de incluir en su repertorio coreografías de Lidija Franklin, Julio Lamas, Vicente Abad, Laura Fiorucci, Isabel Franklin, Rocío Rodríguez, Elio Martínez, Betsabe Correa, Gustavo Silva, Yadira Ardila, Reyna Vera y Natividad González, entre otros.
Escuela Ballet Arte (Académica)
Ave. Lecuna Parque Central, Edif. Tajamar PH.
Teléfono 0212 – 576.03.15
[Isabel Franklin]
Esta casa colonial que para la fecha del nacimiento del Libertador Bolívar ya tenía 103 años de construida, circunscribe al visitante en ese ambiente de la época, permitiendole imaginar al niño Simón recibiendo las primeras lecciones educativas de la pedagogía de sus maestros Andujar, Sanz, Bello y Rodríguez durante sus primeros (9) años; asi como pensar en los juegos y demás actividades propios de su infancia y condición social.
Visitarla definitivamente es una experiencia inolvidable.
Resulta bastante grato el paisaje en Galipán (Parque Nacional El Ávila). Mucha tranquilidad y paz, aunado al fresco aire, dan al visitante una experiencia única.
Parque Carabobo. Caracas, Distrito Capital.
[Julian J. Moreno G.]
Esta foto fue tomada en los años 60 y corresponde a Cauchos General, hoy día se encuentra el Sambil y es la vista desde el CCCT y podrás darte cuenta de los vehículos de la época transitando por la Autopista del Este.
El Ávila a lo largo de su extensión frente a la ciudad tiene una red de caminos o senderos que partiendo desde la Avenida Boyacá o Cota Mil hacia el norte llevan al visitante hacia las partes más altas. También está dotado el Parque Nacional de caminos que permiten recorrerlo en sentido este-oeste o viceversa y que se cruzan o permiten acceder a los caminos dirigidos hacia las cimas. Los senderos o caminos que describiremos a continuación son los principales y más frecuentados e iremos señalando las... (leer más)
En la esquina de San Francisco, justo en frente de la Iglesia del mismo nombre, se encuentra un enorme árbol. Es una hermosa Ceiba que posee mas de 130 años de historia, vida y folklore. Es el árbol que representa a nuestro Distrito Federal, el emblema de Caracas. Si la Plaza Bolívar es el palpitante corazón de la urbe caraqueña donde se reflejan las emociones que sacuden los afanes y angustias que la preocupan y la placidez de las horas alegres, la esquina de San Francisco, con su árbol y templo, es la historia... (leer más)